Igualdad


Reformando el sistema de fianzas en dinero

Las fianzas en dinero cortan uno de los pilares más críticos de nuestro sistema de justicia penal: la idea que ricos y pobres deberían tener el mismo acceso a la justicia. Bajo el sistema de fianzas en dinero, si una persona duerme en casa o una celda puede ser determinado únicamente por cuánto dinero tenga. Algunos investigadores estiman que más del 60% de las personas en la cárcel se encuentran ahí porque están esperando juicio, pero no tienen el dinero para pagar una fianza.

La incapacidad de pagar una fianza, inclusive por poco tiempo, causa estragos aún en la vida de personas inocentes. Aquellos que esperan juicio a menudo pierden sus puestos de trabajo y, por extensión, la manera de proveerse un hogar para ellos o sus hijos. Las consecuencias de ser pobre y estar en el sistema de justicia penal son inmensas, al igual que la presión. De hecho, la presión sobre estos individuos es lo que cierra muchos casos. En su desespero por salir de la cárcel y mantener las vidas de ellos y sus familias intactas, algunas personas a menudo toman acuerdos desfavorables de culpabilidad simplemente para volver a casa pronto. Esto sucede con una alarmante regularidad. Inclusive si estas personas son liberadas inmediatamente luego de declararse culpables, tendrán un historial criminal que afectará negativamente su habilidad de encontrar empleo, avanzar su educación y encontrar vivienda.

Aún si las fianzas en dinero mantuvieran nuestra comunidad a salvo, sus consecuencias serían preocupantes. Pero las personas peligrosas que se encuentran libres bajo fianza no cesarán de ser peligrosas solo porque pagaron unos cuantos cientos de dólares. El pago de dinero simplemente no tiene ninguna relación con la habilidad de una persona de mantener la paz. Los factores que se relacionan con la inseguridad son conocidos y son en mayor parte cuantificables. Los condados y estados a lo largo del país han desarrollado herramientas efectivas para determinar si liberar a alguien antes de juicio presenta un peligro para la comunidad. Deberíamos basarnos en esas herramientas – que han probado funcionar – y no en falacias anticuadas y científicamente inconsistentes que nada hacen más que criminalizar la pobreza.


CombatiENDO la desigualdad racial

La justicia debe ser ciega, pero los números no mienten. Con demasiada frecuencia la raza y etnia son factores determinantes en la experiencia de alguien con el sistema de justicia penal. La discriminación sistemática y la parcialidad implícita seguirán surgiendo si no hay un enfoque institucional que las erradique. Steve desarrollará métricas que alerten sobre áreas de discriminación sistemática e implementará soluciones para esas desigualdades. Steve se asegurará que las decisiones de su oficina, sus recomendaciones de fianza, ofertas de declaración y recomendaciones de sentencias, traten a las personas de todas las razas y etnias por igual.


ACABANDO EL Juicio por emboscada

El sistema de juicios penales de Virginia está descrito acertadamente como “juicio por emboscada”. Los acusados no tienen permitido conocer quiénes van a ser los testigos contra ellos en el juicio. No tienen derecho a saber lo que la investigación policial haya descubierto. Las reglas de Virginia fuerzan a los acusados a tratar de armar una defensa sin la mayoría de la información que sería necesaria para hacerlo. El resultado es un desbalance de poder que incrementa bastante las posibilidades de que una persona inocente sea falsamente sentenciada. Eso no es justicia. Steve va a reformar las prácticas de descubrimiento que crean el “juicio por emboscada”.

La oficina de Steve reflejará la idea que presentó la Corte Suprema hace más de 50 años en Brady v. Maryland: “La sociedad no solo gana cuando los culpables son sentenciados, también cuando los juicios penales son justos; nuestro sistema para la administración de la justicia sufre cuando cualquier acusado es tratado injustamente”.